El peso de las palabras

Una niña que amo con todo mi corazón, recibió una sentencia falsa cuando tenía 6 años. Una “nutricionista” que visitaba su colegio, decidió decirle que era obesa.

O  B  E  S  A.

Obeso es, según la Real Academia de la Lengua Española, una persona excesivamente gorda. Alguien que a leguas se nota sufre de problemas de salud.

Yo creo que la primera vez que vi a una persona obesa fue cuando visité Estados Unidos en mi infancia. No entendía por qué había tantas personas pesadas que no podían caminar y tenían que usar un carrito para ir de un lugar a otro .

Esa niña que quiero tanto- que lejos estaba de ser obesa- como otras tantas personas que han recibido sentencias falsas sobre su cuerpo, hoy en día no han escapado del peso de esas palabras que las  hirieron.

Por más que alguien las quiera deshacer, una red atrapaheridas las dejó pegadas en su espejo interior, parecería que para siempre.

Por eso, yo no puedo con las personas que hacen comentarios sobre el peso de los demás a manera de saludo.  Jamás he entendido un : ¡Hola Fulanito, como estás de gordo!

Tener kilos de más ante los ojos de quienes juzgan “la perfección” pareciera una derrota en este mundo de plástico.

Haber parido y quedar de una vez como la modelo raquítica de las portadas, parece ser obligación.

Nacer con un cuerpo de determinada forma, es una cruz.

Cumplir con un número en la balanza, aunque todos los seres humanos seamos distintos y nos pesen los huesos, los músculos, el agua y las palabras que alguien alguna vez nos dijo, es requisito para que te miren bien.

En otra época, tener carne, tener curvas, era lo “bonito”. Ahora, son los huesos forrados lo que se considera estético y en ese molde se quiere poner a todo el mundo, aunque no quepa.

La próxima vez que oiga que alguien comenta sobre el peso de otra persona, además de que me hierva la sangre, le preguntaré si es que es asunto suyo cómo sienten y viven los demás.

Porque la verdad es que esos comentarios no pueden venir de ningún lugar bonito. Son comentarios que discriminan.  No falta el que diga: “ahhh pero eso gordo(a)” para descalificar a un ser humano con alma y corazón.

[Pfff.]

Y aunque el que reciba el comentario -no solicitado- sobre su peso se quede callado, por dentro esas palabras que le dijeron sin ningún atisbo de prudencia, pueden herir profundamente.

Por eso, como dice la regla de cortesía, si no tienes nada bueno que decir, mejor quédate callado. Y con “bueno” me refiero a algo que haga sonreír y brillar a la persona que lo recibe. Hay palabras que pesan mucho.

Foto vía Photopin  kizette Day 5/30: From a high angle via photopin (license)

Un comentario sobre “El peso de las palabras

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s